El realismo de Luis Enrique y el romanticismo de Pep

Ayer FC. Barcelona y Bayern de Münich protagonizaron dos partidos excepcionales solo al alcance de los mejores de Europa. Los dos equipos se proclamaron favoritos de la Champions luciendo su mejor versión para no dar ninguna oportunidad a sus rivales. Los 22 jugadores que ayer se dejaron la piel en el campo (los del Bayern más que los barcelonistas) siguieron dos ideas distintas de buen fútbol. La de Guardiola, con su filosofía del control y la excelencia, y la de Luis Enrique, que valora la rapidez y el acierto.

Pensando en el debate que hay entre barcelonistas de si Luis Enrique está realizando una buena temporada o si le ha quitado la esencia a su equipo, no puedo evitar afirmar que ambos estilos me parecen de lo más admirables y complejos. Pep sin duda creó el mejor barça de la historia en su momento y está consiguiendo que el Bayern juegue a algo muy parecido; pero Luis Enrique de momento es el mejor entrenador de la historia del Barça en sus primeros 50 partidos. Un dato que no debería ser olvidado. Puede que el asturiano no consiga hacer rondos de diez minutos, pero está haciendo brillar a tres delanteros que llevan el Barça a la victoria partido a partido. Los dos consiguen lucirse de forma distinta.

Es como el arte, reinterpretado cada siglo según el contexto histórico y los precedentes.  El romanticismo apareció como rechazo al naturalismo y la ilustración. Los que consideraban que el arte no eran normas sino sentimientos, y que se tenía que volver al pasado para poder transmitir los valores y la esencia, empezaron a crear obras de arte sobre la naturaleza, las emociones y el ser humano como individual y no colectivo. Y encontraron lo sublime.

Y mientras esos bohemios impulsaban cambios políticos y culturales, la industrialización tomó Europa y pronto salieron los adversarios a los románticos. Apareció el realismo, otro movimiento artístico, que defendía que no hacía falta que el hombre estuviera a solas en un sitio bucólico ni que recorriera al pasado para encontrar lo más bello, sino que estaba delante de sus ojos. Era la verdad. Una cosa puede que aún más complicada de encontrar que lo sublime. 

Creo que Guardiola y Luis Enrique encarnan estas dos ideas del arte, pero en el fútbol.

El barça del de Santpedor era sublime casi una experiencia artística que encontró sus obras maestras en el 5-0 al Real Madrid y el 4-0 en la final del Mundialito de Clubs. Lo que tenían los románticos era que nunca perdían la esencia. Que el arte iba por encima de todo, daba igual la situación social, ellos perseguían lo más auténtico: lo pasado, nunca lo presente. Lo que hizo que muchos artistas prodigios se ahorcaran en la búsqueda de esa idea. Guardiola perdió partidos con el barça, algunos que provocaron críticas acerca de si el estilo debía ser modificado en el caso que el partido lo pidiera.  Pero Pep, en Barcelona y en Münich se niega a renunciar a la posesión, como los románticos seguían en su mundo de lo sublime y los sentimientos, antes que ganar sin jugar bien. El corazón sobre la cabeza. 

El Barça actual, como los datos han demostrado, está haciendo una temporada lo suficientemente buena para ser favorito en las tres competiciones. Además es de los equipos con mejor forma física y con una defensa y un ataque solventes y trabajadores. El Barcelona actual podría titularse Efectividad. Luis Enrique no busca lo sublime, ni la belleza, él busca lo equivalente a la verdad en el fútbol: resultados. Y lo hace a través de tres jugadores: Messi, Suárez y Neymar que son su marca. El resto del equipo colabora para que estos hagan lo que quieran y a la vez Luis Enrique trabaja duramente la defensa. Si el partido requiere calma, Luis Enrique da calma, si requiere perder la posesión, pierde la posesión, si requiere volverse loco, se vuelve loco. Es un estilo camaleónico para encontrar resultados. Puede que no sea una experiencia artística como el 5-0, pero si el Barça gana tres títulos nadie se lo va a recriminar. La cabeza sobre el corazón. 

Lo único que le pido al fútbol para dejar que estas dos expresiones artísticas lleguen a su máximo potencial, es que el destino permita que jueguen Bayern y Barça la final de la Champions, un partido que podría ser puro arte.

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